El río donde su familia pescó por tres generaciones está contaminado. Una retroexcavadora llegó hace seis meses, destruyó la orilla y desapareció. Nadie sabe quién era el dueño. La ANM, la DIAN y la Fiscalía tienen registros distintos que no hablan entre sí.
El dueño real de esa máquina aparece en segundos. La propiedad triangulada se rompe. La extinción de dominio procede. El río tiene nombre y el daño tiene responsable.